Cultura entre autonomía e implicación

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La primera ronda de conversación del ciclo “entre estética, ciencia y política” se hizo en entre el 12 de mayo. Unas 20 personas nos apretamos en el local de entre, entre cerveza y vino que había quedado de la fiesta de inauguración.

El tema que convocaba era “cultura entre la autonomía y la implicación”, en particular en la relación entre la izquierda y la producción artística o científica. El texto de la convocatoria decía “Cada disciplina de la ciencia, el arte y la cultura en general tiene su historia, sus corrientes y su forma de politicidad. Quienes la cultivan pueden ser de izquierda por sus adhesiones político-ideológicas, por las corrientes intra-disciplinarias que apoyen, por las causas, temas, métodos o estéticas con las que trabajan. O pueden no serlo, manteniendo que la dignidad de la profesión pasa por su desimplicación.” Invitamos a conversar la actriz, directora y docente Diana Veneziano, al cineasta, escritor y artista visual Pablo Casacuberta, al músico y docente Ignacio Gutiérrez y al docente e investigador Gustavo Remedi.

El dispositivo elegido para discutir fue comenzar con una ronda en la que cada uno de los presentes podía plantear una pregunta, para después empezar a discutir. Estas fueron: ¿Cómo sería llevar las herramientas experimentales del arte hacia fuera del campo artístico? ¿Dónde debería producirse el pensamiento de izquierda? ¿Por qué es necesario pensar la autonomía como problema y no como algo dado? ¿Cómo construir una política cultural basada en derechos humanos sin violentar la autonomía artística? ¿Cómo practicar nuestras ideas en un mundo orientado por el mercado? ¿Cómo-para qué llevar la autoreflexibilidad/autocrítica de las prácticas artísticas hacia afuera del campo artístico? ¿Qué se gana y que se pierde con la implicación política del arte? ¿Qué puede un cuerpo? ¿Cómo desarrollar pensamiento de izquierda en diálogo con las ciencias? ¿Cómo pueden convivir lo científico y lo artístico sin reproducir mundillos? ¿Cómo el espacio participa de lo político y la política? ¿Qué va a pasar con las prácticas colaborativas en 10 años? ¿Qué relación hay entre macro y micropolítica en el arte? ¿Cómo incorporar conocimientos sobre la naturaleza humana en la construcción colectiva de sentido? ¿Quién organiza esta atomización de campos y saberes? ¿Cómo ir de la abstracción a la relación con otros?

Quizás por comenzar por preguntas, el clima inicial fue confuso, como si costara terminar de entrar el tema. El tema en sí, además, traía más dudas que certezas. Luego de las preguntas, se inició una discusión en la que la palabra la iba dando quien hablaba.

Se discutió sobre la diferencia entre las disciplinas artísticas, humanísticas y sociales en las que la politicidad se hace evidente, tanto en lo político de sus presupuestos como de las correntes y los usos de las disciplinas, y como eso es menos claro en el caso de las ciencias “duras”, que también están al mismo tiempo más implicadas en la producción. El pensamiento político, por ejemplo, sobre y desde la biología y la ingeniería fue un problema planteado, pero desde un lugar que no reduzca a lo político la lógica específicamente científica.

Otro punto que se discutió es que es lo que hace a la politicidad del arte, y si esto se encuentra en la forma, el contenido o la forma de producción, y si estas oposiciones no son reduccionistas. La especialización, y la forma como desorganiza y atomiza las posibilidades de intervención política en la cultura, también se discutió, junto con la forma como las disiciplinas y las fronteras disciplinadas están articuladas de hecho por lógicas mercantiles. Sin embargo, la articulación entre ciencia y política es contingente a cada disciplina, no hay disciplinas que sean en sí neoliberales, pero si disciplinas tomadas por poderes sociales, y es necesario pensar como organizar nuevos pensamientos y nuevos vínculos.

Rápidamente, la discusión pasó de centrarse en la cultura a centrarse en la izquierda, y a si la izquierda es una categoría relevante para la producción de cultura, dado que la izquierda está en el poder. ¿Donde está el poder en el Uruguay hoy? ¿Donde está el poder en cada disciplina? Apareció en este punto una diferencia, con una connotación generacional: para algunos, la izquierda es el Frente Amplio, y por lo tanto hacer “arte de izquierda” sería trabajar para el FA, para otros, la necesidad de construir cultura de izquierda no está relacionada al FA. Surgió entonces una discusión en torno al radicalismo y al reformismo, y en qué medida existe una hegemonía de cierto radicalismo en la cultura.

Apareció también el problema de la crítica, y la posibilidad de que el pensamiento de izquierda no sea solamente crítica, sino también pensamiento para la acción. Y que esto implicaba salir de ciertos encierros hacia un afuera de los mundillos y dejar de fetichizar la autonomía de las disciplinas.

Para terminar, luego de la discusión, hicimos una segunda ronda en la que cada uno propuso una nueva pregunta. Las preguntas con las que terminaron el encuentro fueron: ¿No seremos más los marginales que los que están en el centro? ¿Cuál es la naturaleza ideológica de la separación de nuestros campos? ¿Cómo nos cuidamos en un mundo sin comunidad? ¿Quién va a construir una cultura de izquierda? ¿Qué es lo que necesita quedar ingobernable? ¿Hasta dónde es mala la desideologización, o hasta donde permite crear algo común? ¿Realmente necesitamos crear una cultura de izquierda, o es otra cultura? ¿No quién, sino cómo construir cultura de izquierda? ¿Tiene que quedar lo utópico relegado a lo inútil? ¿Cómo pensar fuera de lo denominado posible? ¿Cual es la naturaleza de los espacios que tenemos que construir? ¿Cómo hablamos dos horas y media de arte, ciencia y política sin mencionar la palabra educación? ¿Cómo relacionarnos con la destrucción?