El antagonismo entre trabajadores y chorros es el marco elegido por la derecha para ganar hegemonía sobre el campo popular. Por Entre

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Hemisferio Izquierdo: La situación política del Uruguay y la región parece complejizarse y acelerarse crecientemente, ¿Cuáles crees que son las claves del actual momento político uruguayo?

Entre: Hace ya un tiempo que el diálogo sobre la política, al menos en el espacio público, se nos hace difìcil. El debate de ideas, la posibilidad de una conversación ideológica que necesite al menos un mínimo margen de vulnerabilidad y de escucha, les están siendo privados a la mayoría de la gente. El debate ideológico está estigmatizado, obturado y convertido en cliché por la máquina infernal compuesta por medios capitalistas de comunicación y las redes sociales, donde opera un permanente ciclo de escándalos, difamaciones, tergiversaciones y ataques donde la irracionalidad y la lógica del espectáculo lo permean todo.

En un momento en el que la incertidumbre sobre qué hacer y cómo hacerlo es moneda corriente, que la conversación genuina y abierta sobre las posibilidades de acción no esté habilitada es un problema central, y para empezar, tal vez sea eso mismo lo que hay que politizar. Nos están rompiendo los canales de la discusión pública, y lo hacen a propósito. Si el escándalo es la única forma de acontecimiento político que rinde, tenemos que ir a buscar la potencia a otro lado, sostener la confusión y habitarla, y no tomar la salida ràpida de la apatía y la crispación. Poder pensar para poder hacer.

Si nos reconocemos como sujetos neoliberales con identidades construidas en base a las distinciones del consumo y del mercado, si vivimos en un estado de crispación latente que se manifiesta en esas lógicas del escándalo mediático, tal vez estemos comenzando a notar que el neoliberalismo que tanto combatimos en las arenas oficiales aprovechó la distracción y la cultura está toda tomada. Las redes sociales y los comentarios en los portales de noticias son ejemplos particularmente claros de esto: una masa que se escandaliza con los motivos más diversos pero con una actitud cínica, como clientes insatisfechos de una empresa, que dirigen su furia contra la administración y nunca contra el sistema. La administración está siendo la lógica operativa de la política, por eso el interés de desplazar el foco de la ideología (jerga política) a la gestión (jerga económica).

Algunos rasgos de estos escándalos fabricados son comunes: desconfianza y miedo al otro, antifeminismo, incorrección política, cultura individualista del emprendedurismo, anticomunismo, demandas de seguridad y militarización del espacio público, xenofobia y racismo.

Difícilmente la salida se encuentre en dejarnos llevar por la pulsión de crispación, que es la primera de las claves del momento actual, y podríamos para acompañarla – y complejizarla – plantear otras dos. Por un lado la ofensiva de la derecha (que tiene a la crispación como medio), y por otro lado la confusión de la izquierda.

La ofensiva o avanzada derechista se da en varios planos distintos y complementarios. Por un lado hay una consolidación de un bloque reaccionario que adquiere cada vez más autoestima ideológica, cuya expresión política se ve sobre todo en las apariciones de Novick, en los sectores evangelistas del Partido Nacional y en las repetidas propuestas de militarizar el espacio público para combatir la delincuencia y la inseguridad. Este último es quizá el punto de convergencia ideológica más fuerte que tiene el bloque reaccionario, que además es alimentado por la incapacidad del progresismo para construir un discurso de izquierda sobre la inseguridad y la violencia, mientras el gobierno sigue aumentando penas y militarizando la policía. Esto se traduce en la formación de subjetividades extremadamente conservadoras respecto a la inseguridad. En una sociedad asustada y sociofóbica, que odia a los planchas y cada vez está más convencida de que los pobres son pobres porque quieren, se multiplican los grupos de whatsapp de vecinos en alerta para avisar de jóvenes sospechosos y los locales nocturnos aplican derechos de admisión ilegales pero aceptados (y agradecidos) por todo el mundo. Una de las claves más importantes del nuevo uruguayo apolítico y derechizado está en su percepción de la inseguridad y de las causas de la violencia social, de la que emerge un antagonismo entre trabajadores y chorros, que es el marco elegido por la derecha para ganar hegemonía sobre el campo popular.

Por su parte, la ola de la diversidad sexual y del feminismo, despertó a la Iglesia Católica y a los fanáticos evangélicos, y generó la proliferación de microfascismos en las redes sociales que evolucionaron en grupos de ultraderecha organizados y con vínculos entre sí (Varones Unidos, A mis hijos no los tocan, #misderechos). Seguramente en otro nivel, pero con discursos funcionales a estos grupos, aparecen los autodenominados “incorrectos políticos”, intelectuales, políticos o referentes mediáticos que de diferentes maneras operan como una reacción conservadora contra el feminismo, protagonizando la política del escándalo permanente desde la derecha.

Recrudece una derecha más organizada, consciente de sí misma y dispuesta a dar con todo la batalla económica, política y cultural, y esto ha sido facilitado por el progresismo gobernante, que se ha defendido sin dar una respuesta a esta avanzada.

Hay una derechización palpable en el mundo de la vida, los discursos y las prácticas cotidianas, el sentido común. La despolitización y desmovilización en la izquierda ha generado una desideologización profunda que deja camino libre al neoliberalismo para la producción de modos de vida. Esto es una cagada, y una de las grandes derrotas de la izquierda uruguaya. El modelo político-ideológico impulsado por el FA durante sus gobiernos, lejos de ser impulsor, ha sido inhibidor de la cultura, la sensibilidad o la conciencia de izquierda.

Cada movimiento hacia la derecha del “gobierno de izquierda” es un golpe contra la continuidad de la izquierda como comunidad subjetiva. Cuando la izquierda hace cosas de derecha es una doble derrota: sustantiva y simbólica. El “bloque social de los cambios” se encuentra debilitado y confundido, y la discusión sobre si se defiende al frenteamplismo gobernante (o no) se hace central, dividiendo a muchos espacios de izquierda. Esta no es una cuestión menor, pero tramitarla no puede romper confianzas militantes en espacios donde conviven diferentes posturas frente a lo partidario.

La clave, como siempre, está en la potenciación de las alianzas y las complicidades en lo social, en los vínculos entre el movimiento de trabajadores, el feminismo, el cooperativismo, el movimiento estudiantil, el ambientalismo, entre todxs los que busquen resistir el avance neoliberal, también cuando viene desde la élite frenteamplista. La campaña contra la Ley de Riego, la resistencia dentro del Frente Amplio a los tratados comerciales, la lucha por el presupuesto de la educación, el congreso del Pit-Cnt y la marea feminista son solo algunos de los espacios en los que resistir y construir.

El contexto de múltiples crisis simultáneas agobia y dispersa energía, encontrándonos a la defensiva a varias bandas y luchando entre nosotrxs a la hora de jerarquizar y priorizar causas y luchas. Hay que encontrar formas de que este bombardeo nos encuentre capaces de responder, sin subestimar las fuerzas del adversario, pero tampoco las nuestras, que son muchas. No estamos solxs, ni somos débiles.

Hemisferio Izquierdo: En la mayor parte de nuestros países, la iniciativa política parece estar en el campo de la derecha; ¿Cuáles crees que son las tareas principales para encarar el momento político y la construcción de una agenda capaz de operar en clave de ofensiva política?

Entre: Hay que empezar a replantear lo que entendemos por ´agenda´. La creciente impermeabilidad de la élite frenteamplista a las demandas sociales, y la pérdida de hecho de la mayoría parlamentaria, hacen que la izquierda ya no pueda plantearse la agenda como lo hizo durante el gobierno de Mujica, es decir agrupándose en torno a un proyecto de ley para luego presionar al FA para que lo apruebe.

El clima electoral ya comienza a sentirse cerca y en poco tiempo va a ser muy difícil que no ocupe el centro de la discusión política. Si consideramos al ambiente de crispación que ya describimos, es probable que además de concentrar las energías, este clima sea tenso y agobiante. Sin embargo, es importante que no produzca un efecto de aislamiento e inhabilite la (re)construcción de puentes posibles dentro de la izquierda que puede imaginar un proyecto diferente.

El agotamiento de la agenda económica progresista está en discusión. No son claras las posibilidades de sostener el margen de bienestar alcanzado en los últimos años, mientras el avance del capital sobre la soberanía del estado se hace cada vez más visible. La eventual llegada de la derecha al poder tendría un efecto claramente destructivo, pero es razonable preguntarse cuál es la capacidad efectiva que aún conserva el FA para sostener en el gobierno el nivel actual de salario, protección social, regulaciones y derechos.

Esto implica empezar a considerar qué significa un gobierno de derecha, sabiendo que ya estamos armadxs con la observación de lo que viene ocurriendo en Brasil, Argentina y Paraguay, donde la persecución, la censura y la violencia política desde arriba son ya parte de la cotidianidad política. Esas lógicas comienzan a verse por acá, y no es necesario que gane la derecha para que se expandan. Youtube y Facebook censuran todo el tiempo, las campañas de desinformación son permanentes, la policía se autonomiza como actor político con cada vez más potencia, la esencialidad se rutinizó como herramienta contra los conflictos sindicales y han habido preocupantes episodios de espionaje, persecución y represión a organizaciones de izquierda radical. Esto en un contexto en el que el capital exige ajuste y amenaza con la crisis. Pensar que la política sigue como siempre es un grave error, y entender cómo actuar en este contexto es urgente, porque no tenemos herramientas teóricas ni prácticas para enfrentar a lo que se viene.

Construir e imaginar agenda consiste en la paciente creación de prácticas colectivas e individuales, en la invención de formas de vida y espacios no-capitalistas, y de formas de organizarse entre ellxs, como ya lo están haciendo muchxs. La agenda no es sólo la planificación, sino cómo desde el presente empezamos a construir las posibilidades de un mañana. La urgencia de la agenda no es amiga de la temporalidad en la que se construye ideología, de los modos en que se construye comunidad, en los que se aprende en y de ella, en los que emerge en el entramado de sus relaciones el sujeto (siempre entre lo individual y lo colectivo).

 

Entrevista a entre por Hemisferio Izquierdo. Publicada originalmente en: Hemisferio Izquierdo

Mayo de 2018